Masajes para gases en bebés - Alivio real y seguro

Ona Escamilla .

20 de marzo de 2026

Manos realizan masajes para eliminar gases en la barriguita de un bebé, ayudando a su bienestar.

Los gases en un bebé pueden parecer un detalle menor, pero cuando se repiten alteran la toma, el sueño y la calma de toda la casa. En esta guía explico qué masajes para eliminar gases suelen funcionar mejor, cómo hacerlos sin presionar de más, qué otras maniobras complementan de verdad y en qué momento conviene pensar que no es solo gas. También te dejo una forma realista de integrarlo en la rutina familiar sin convertirlo en otra tarea larga.

Lo esencial para aliviar el gas sin irritar el abdomen

  • El masaje ayuda sobre todo cuando el bebé está tranquilo, despierto y no acaba de comer.
  • Los movimientos suaves en sentido horario y las piernas en bicicleta suelen ser más útiles que la presión fuerte.
  • Si hay fiebre, vómitos verdes, barriga dura o sangre en heces, deja de probar en casa y consulta.
  • El eructo, la postura vertical y el baño templado complementan mejor al masaje que insistir solo con las manos.
  • Cuando el problema se repite, muchas veces importa más cómo come el bebé que la técnica en sí.

Qué me hace pensar que son gases y no otra molestia

Yo empiezo por aquí porque no todo llanto con barriga revuelta es gas, y ahí está una de las confusiones más frecuentes. Cuando el bebé encoge las piernas hacia el abdomen, se pone rojo, arquea la espalda, su barriga suena o parece tensa y mejora un poco después de eructar o expulsar aire, la pista apunta bastante a gases o a aerofagia, que es el aire que se traga durante la toma.

En muchos lactantes, este malestar es más intenso entre las 6 y 8 semanas y suele ir aflojando hacia los 3 meses. También puede parecer “solo gases” cuando en realidad hay cólico leve, estreñimiento o reflujo, así que yo no me quedo con una sola señal; miro el conjunto. Si el patrón encaja, entonces sí tiene sentido pasar a un masaje suave y a otras maniobras de apoyo. Y ahí es donde conviene hacerlo bien, no con prisa ni con fuerza.

  • El bebé se calma un poco al eructar o al cambiar de postura.
  • La barriga está algo hinchada, pero no dura ni muy dolorosa al tacto.
  • El malestar aparece después de comer o cuando ha tragado aire.
  • No hay fiebre, vómitos persistentes ni otros síntomas preocupantes.

Con esa base, el siguiente paso es aplicar el masaje de forma segura y en el momento adecuado.

Cómo hacer un masaje abdominal paso a paso

Yo prefiero un masaje corto, suave y repetible, no una sesión larga. La idea es acompañar el peristaltismo, que es el movimiento natural del intestino, y ayudar a que el aire avance sin incomodar más el abdomen. El mejor momento suele ser cuando el bebé está despierto, tranquilo y entre tomas, no justo después de comer ni cuando está con hambre, cansado o enfermo.

  1. Prepara el entorno. Busca una habitación templada, manos calientes y una superficie cómoda. Si el bebé todavía tiene el cordón sin caer o la zona del ombligo está sensible, evita presionar ahí.
  2. Empieza con el contacto. Coloca una mano abierta sobre el abdomen unos segundos para que el bebé note calor y seguridad. Si se tensa, baja el ritmo.
  3. Haz círculos suaves en sentido horario. Rodea el ombligo con movimientos amplios y ligeros, como si siguieras el recorrido intestinal. Aquí la presión debe ser más bien ligera a media, nunca profunda.
  4. Prueba la secuencia I, L y U. Con la mano, traza primero una línea vertical suave, luego una forma de L invertida y después una U invertida sobre la barriga. A algunos bebés les resulta más agradable que los círculos continuos porque el movimiento es más predecible.
  5. Flexiona las piernas con calma. Lleva ambas rodillas hacia el abdomen durante uno o dos segundos y suéltalas. Repite varias veces sin forzar; si el bebé empuja o se queja, paras.
  6. Cierra con unos minutos en vertical. Después del masaje, cogerlo erguido ayuda a que el aire suba y se expulse más fácilmente con un eructo.

Si el bebé se arquea, llora más o nota la barriga rara, yo paro ahí. Un masaje útil se nota porque relaja, no porque deje el abdomen “trabajado”. Cuando el bebé tolera bien el contacto, esta rutina puede convertirse en una herramienta sencilla y muy útil dentro del cuidado diario.

Las maniobras que mejor acompañan al masaje

En casa, casi nunca me quedo con una sola técnica. Cuando hay gases, suele funcionar mejor un pequeño combo que mezcle postura, movimiento y calma. De hecho, la posición vertical después de la toma y el eructo suelen marcar más diferencia de la que muchos padres esperan, sobre todo si el problema viene de tragar aire.

Técnica Cómo la hago Cuándo suele ayudar Lo que conviene recordar
Eructo en vertical Lo sujeto erguido unos minutos y doy palmaditas suaves en la espalda. Cuando la toma ha sido rápida o el bebé ha tragado aire. No hace falta sacudirlo ni cambiarlo de postura constantemente.
Piernas en bicicleta Con el bebé boca arriba, muevo sus piernas como si pedaleara. Cuando hay barriga hinchada o gases que parecen “atascados”. El movimiento debe ser fluido, sin forzar caderas ni rodillas.
Rodillas hacia el pecho Flexiono suavemente ambas piernas hacia el abdomen y suelto. Cuando la barriga está tensa pero no dura. Si se resiste, lo dejo; no es una maniobra para imponer.
Baño templado Baño corto, con agua tibia y siempre supervisado. Cuando el bebé está inquieto y necesita bajar revoluciones. No debe hacerse justo después de una toma ni con el bebé cansado.
Tummy time supervisado Lo coloco boca abajo un rato corto y vigilado, sobre mi pecho o una superficie segura. Cuando el bebé está despierto y receptivo. No es para dormir y no sustituye la posición vertical tras comer.

Si toma biberón, yo revisaría también el flujo de la tetina; si es demasiado rápido, entra aire de más. Si toma pecho, me fijaría en el agarre y en hacer pausas para eructar. Ahí es donde muchas familias notan que el masaje funciona mejor, porque deja de luchar contra el origen del aire.

Cuándo dejar de tratarlo en casa

Aquí soy muy claro: si el cuadro no encaja con un gas simple, el masaje ya no es la respuesta. Fiebre de 38 °C o más en un bebé menor de 3 meses, vómitos verdes, sangre en las heces, barriga muy dura o distendida, rechazo de tomas o decaimiento son señales para consultar sin esperar.

  • El bebé llora de forma inconsolable y no se calma como de costumbre.
  • La barriga se ve hinchada, rígida o mucho más sensible al tacto.
  • Come menos, moja menos pañales o parece demasiado somnoliento.
  • Hay vómitos repetidos, diarrea persistente o sangre en heces.
  • El malestar no mejora con el paso de las semanas o se sale del patrón habitual.

La Asociación Española de Pediatría aconseja consultar cuanto antes si hay episodios de dolor fuerte de barriga con decaimiento o aparece sangre en las heces. Yo me quedo con una idea sencilla: cuando el cuerpo del bebé cambia de forma clara, o el dolor deja de parecer “gases”, no insisto en casa. El masaje es una ayuda, no un filtro para descartar problemas más serios.

Los errores que empeoran la molestia

Muchas veces el problema no es la técnica, sino el contexto. He visto más de una vez que un masaje bien intencionado no funciona porque se hace en el peor momento posible o con demasiada fuerza. La buena noticia es que casi todos esos errores se corrigen rápido.

  1. Hacerlo justo después de la toma. El abdomen está más lleno y el bebé suele tolerarlo peor.
  2. Presionar demasiado. Un masaje de gases no es un masaje profundo; si el abdomen se endurece, hay que parar.
  3. Usar aromas fuertes o manos frías. El objetivo es calmar, no sobreestimular.
  4. Insistir cuando el bebé ya está cansado o hambriento. Ahí la tolerancia cae en picado.
  5. Confiar en remedios “antigases” como solución fija. La guía del NHS no recomienda los suplementos anti-cólicos de farmacia ni los herbales como respuesta estándar, porque no hay evidencia de que ayuden al cólico.

Yo también evitaría convertir cada llanto en una carrera por “sacar gases” a la fuerza. A veces el bebé solo necesita brazos, pausa y un poco de regulación, no más manipulación. Cuando se ordena el contexto, el masaje deja de ser un parche y pasa a ser una herramienta realmente útil.

Lo que yo vigilaría antes de repetirlo cada noche

Si el malestar vuelve casi a diario, yo no miraría solo el abdomen: revisaría la rutina completa. Anotaría cuándo aparece, si es después de comer o más tarde, cómo son las deposiciones y si el bebé está ganando peso con normalidad. También me fijaría en si mama con demasiada prisa, si la tetina del biberón va muy rápida o si necesita varias pausas para eructar.

  • Revisa durante unos días si el problema aparece siempre en el mismo momento.
  • Observa si la barriga está blanda o si se pone rígida al tocarla.
  • Comprueba si el bebé come, duerme y moja pañales como de costumbre.
  • Haz una rutina breve: vertical, eructo, masaje suave y, si le ayuda, baño templado.

Si, pese a eso, el bebé sigue muy molesto o aparece cualquier señal de alarma, yo no seguiría probando técnicas en casa. Para mí, los masajes son una ayuda valiosa cuando el problema es gas o aire tragado, pero funcionan mejor cuando respetan el momento del bebé y forman parte de una rutina tranquila, no de una búsqueda desesperada de solución.

Preguntas frecuentes

Lo ideal es cuando el bebé está tranquilo, despierto y entre tomas, no justo después de comer ni cuando tiene hambre, está cansado o enfermo. Esto asegura que el bebé tolere mejor el contacto y el masaje sea más efectivo.
Los círculos suaves en sentido horario alrededor del ombligo, la secuencia I-L-U y flexionar las piernas del bebé hacia el abdomen (como en bicicleta) son muy efectivos. Siempre con movimientos delicados y sin forzar.
Si el bebé muestra incomodidad, se arquea o llora más, es una señal para detener el masaje. Un masaje útil debe relajar al bebé, no causarle más malestar. No hay que forzarlo si no lo tolera bien.
Consulta al médico si hay fiebre (38°C o más en menores de 3 meses), vómitos verdes, sangre en heces, barriga muy dura o distendida, rechazo de tomas, decaimiento o llanto inconsolable que no mejora.

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Autor Ona Escamilla
Ona Escamilla
Nací como Ona Escamilla y desde hace 8 años me dedico a explorar el fascinante mundo de la maternidad, la familia y la crianza integral. Mi interés por estos temas surgió cuando me convertí en madre, un momento que transformó mi vida y me hizo reflexionar sobre las diversas formas de criar y educar a nuestros hijos. A través de mis escritos, busco compartir experiencias y conocimientos que puedan ayudar a otros padres a navegar por este viaje lleno de desafíos y alegrías. Me apasiona la idea de fomentar un ambiente familiar saludable y equilibrado, y me enfoco en temas como la comunicación efectiva, el respeto mutuo y la conexión emocional. Quiero que mis artículos sean un recurso útil para quienes buscan entender mejor la crianza consciente y la importancia de criar a los niños en un entorno amoroso y seguro.

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