Semana 23 de embarazo - Guía completa para ti y tu bebé

Naia Lerma .

24 de mayo de 2026

Bebé en semana 23 de embarazo, mide 20-21 cm y pesa 450-500g, como una mazorca de maíz.

La semana 23 de embarazo suele ser un punto muy útil para entender cómo avanza la gestación: el bebé gana tamaño y coordinación, tu cuerpo empieza a notar más la tripa y aparecen dudas muy concretas sobre síntomas, controles y señales de alarma. Aquí me centro en lo que de verdad importa: qué cambia ahora, qué puedes considerar normal y cuándo conviene consultar.

Lo esencial para entender esta etapa sin perderte en detalles

  • El bebé ya mide alrededor de 30 cm y pesa algo más de 450 g, aunque las cifras varían de un embarazo a otro.
  • Los pulmones, el sistema nervioso y la coordinación siguen madurando con rapidez.
  • Es frecuente notar dolor lumbar, contracciones de Braxton-Hicks, acidez, calambres o más flujo vaginal.
  • Si el embarazo es de bajo riesgo, moverte con moderación y descansar mejor marcan la diferencia.
  • Entre las semanas 24 y 28 suele acercarse la prueba de glucosa y otras revisiones de rutina.
  • Sangrado, pérdida de líquido, contracciones regulares o menos movimientos de lo habitual requieren valoración.

Bebé en semana 23 de embarazo, mide 20-21 cm, como una mazorca de maíz.

Cómo se está desarrollando el bebé en la semana 23

A las 23 semanas, el bebé ya no es una figura diminuta y difusa en una ecografía, sino un pequeño organismo en plena construcción funcional. Suele medir cerca de 30 centímetros y pesar alrededor de 450 gramos, aunque hay variación normal entre embarazos y entre bebés. Lo que más me interesa de esta etapa no es solo el tamaño, sino el ritmo de maduración: el cuerpo empieza a prepararse para funciones cada vez más complejas.

La piel sigue siendo fina y algo transparente, pero ya aparecen mejor definidas las crestas de manos y pies que más adelante darán lugar a las huellas. También comienza la producción de surfactante, una sustancia clave para que los pulmones puedan expandirse con más facilidad. No significa que el bebé esté listo para nacer, pero sí que la maquinaria respiratoria avanza.

En paralelo, el sistema nervioso afina movimientos más coordinados y pueden producirse movimientos oculares rápidos. Muchas mujeres también notan más pataditas, cambios de ritmo e incluso una respuesta mayor a su voz o a sonidos familiares. Esa mezcla de actividad y maduración explica por qué esta semana suele sentirse más “viva” que semanas anteriores. Y precisamente por eso, ahora merece la pena mirar con calma lo que puede pasar en tu cuerpo.

Lo que puedes notar en tu cuerpo y cuándo entra dentro de lo normal

Yo suelo separar los síntomas en dos grupos: los que son molestos pero esperables y los que cambian de patrón. Esa distinción evita alarmas innecesarias y, al mismo tiempo, ayuda a detectar lo que sí merece revisión. En la semana 23 de embarazo, lo habitual es que el abdomen siga creciendo y que el cuerpo se adapte con algunas molestias bastante típicas.

Molestia habitual Por qué suele aparecer Qué suele ayudar
Dolor lumbar El útero crece y cambia la postura Calzado estable, pausas frecuentes y calor local suave
Contracciones de Braxton-Hicks El útero se “entrena” sin que empiece el parto Hidratación, descanso y vaciar la vejiga
Acidez y digestiones pesadas Las hormonas enlentecen la digestión y el útero empuja el estómago Comidas pequeñas y evitar acostarte justo después de comer
Calambres en piernas Cambios circulatorios y mayor carga muscular Estirar pantorrillas, mover las piernas y beber agua
Más flujo vaginal Es una respuesta frecuente al embarazo Ropa interior de algodón y vigilar olor o color
Hinchazón leve en pies o tobillos Retención de líquidos y presión venosa Elevar las piernas y no pasar horas seguidas de pie

También pueden aparecer congestión nasal, sangrado leve de encías o algo de cansancio al final del día, sobre todo si duermes peor. Lo importante es el matiz: una molestia aislada y leve suele encajar en la etapa; un cambio brusco, un dolor fuerte o un síntoma que se repite con intensidad ya no merece la misma lectura. Con esa base, tiene sentido pasar a lo que realmente ayuda a llevar mejor estas semanas.

Qué me parece más útil para cuidarte esta semana

Si tuviera que elegir pocas cosas que de verdad ayudan, me quedaría con las que alivian síntomas y reducen ruido mental. No hace falta convertir el embarazo en un proyecto perfecto. Hace falta sostener una rutina razonable y amable con tu cuerpo.

  • Muévete de forma moderada si tu embarazo es de bajo riesgo y tu profesional no te ha puesto límites: caminar, nadar o hacer yoga prenatal suelen ser opciones muy sensatas. Una referencia habitual es llegar a unos 150 minutos semanales de actividad moderada.
  • Hidrátate bien y no dejes pasar demasiadas horas sin comer. Llegar con mucha hambre suele empeorar acidez, mareo y sensación de agotamiento.
  • Evita estar mucho rato inmóvil, sobre todo si trabajas sentada. Levantarte cada cierto tiempo y cambiar de postura alivia espalda y piernas.
  • Prueba a dormir de lado con una almohada entre las piernas o bajo el abdomen si te notas más pesada. No es una solución mágica, pero a muchas mujeres les cambia bastante la noche.
  • Apunta síntomas y dudas antes de la próxima revisión. Yo considero esto muy práctico porque, cuando llega la consulta, la memoria suele jugar en contra.

En esta fase también conviene no sobreinterpretar cada pinchazo, pero tampoco normalizar todo. Si el ejercicio o el descanso hacen que una molestia baje claramente, suele ser una buena pista de que está relacionada con la adaptación del cuerpo. Y eso nos lleva al siguiente punto: qué controles están cerca y qué se suele revisar.

Los controles que suelen acercarse entre las semanas 24 y 28

En muchos seguimientos prenatales, la semana 23 queda justo antes de una franja importante de revisiones. No siempre coinciden exactamente los calendarios, pero es bastante habitual que entre las semanas 24 y 28 se acerquen pruebas y citas que conviene tener presentes. Si sabes esto con antelación, llegas más tranquila y con preguntas más útiles.

En una revisión habitual suelen comprobarse varios elementos:

  • Tensión arterial, porque es una de las cosas más sencillas de vigilar y una de las más útiles.
  • Peso y evolución general, no para obsesionarse, sino para ver la tendencia.
  • Altura uterina, que ayuda a orientar si el crecimiento va en línea con lo esperado.
  • Latido fetal, cuando el profesional considera que aporta información en esa visita.
  • Cribado de glucosa, que en muchos protocolos se programa en este tramo para descartar diabetes gestacional.

Si ya te han hecho la ecografía morfológica, probablemente ahora el foco está menos en “ver por primera vez” y más en “vigilar que todo siga bien”. Esa diferencia es importante: la segunda mitad del segundo trimestre suele ser más de control fino que de grandes descubrimientos. Y precisamente por eso conviene saber qué no se debe dejar pasar entre una visita y otra.

Cuándo no conviene esperar y hay que consultar

Hay síntomas que no merecen observación pasiva ni la típica frase de “ya veré mañana”. Si aparecen, lo prudente es contactar con tu matrona, tu ginecólogo o con el servicio de urgencias obstétricas según la intensidad y la rapidez con la que evolucionen. Aquí prefiero ser clara: en embarazo, perder tiempo por prudencia mal entendida no compensa.

  • Sangrado vaginal rojo vivo o que no cede.
  • Pérdida de líquido por la vagina o sospecha de que se han roto aguas.
  • Contracciones regulares, cada vez más frecuentes o más dolorosas, sobre todo antes de la semana 37.
  • Menos movimientos del bebé de lo que notas como normal en tu día a día.
  • Dolor de cabeza fuerte, visión borrosa, hinchazón brusca de cara o manos, o dolor intenso en la parte alta del abdomen.
  • Fiebre, dolor al orinar, mal olor en el flujo o dolor abdominal localizado.

Yo también vigilaría un detalle que a veces se pasa por alto: no es solo el síntoma, sino su patrón. Si una molestia cambia de golpe, se vuelve persistente o aparece acompañada de otra cosa, merece una revisión. Esa mirada más fina es la que te ayuda a diferenciar una incomodidad típica del embarazo de algo que necesita valoración real.

Lo que yo dejaría encaminado antes de entrar en la siguiente fase

La semana 23 es un buen momento para ordenar lo práctico sin entrar todavía en la prisa del final. No necesitas tenerlo todo resuelto, pero sí conviene dejar algunas piezas encaminadas: cómo te moverás si el cansancio aumenta, qué consulta te toca después, a quién llamar si notas algo extraño y qué preguntas te gustaría resolver en la siguiente cita.

Si yo tuviera que resumirlo en una idea sencilla, diría esto: observa sin obsesionarte, cuida sin exagerar y consulta sin esperar cuando el cuerpo cambie de manera clara. Esa combinación suele hacer que esta etapa se viva con más calma y con mejor información. Y, sobre todo, te deja mejor preparada para las semanas en las que el seguimiento prenatal gana aún más importancia.

Preguntas frecuentes

En la semana 23, el bebé mide aproximadamente 30 cm y pesa alrededor de 450 gramos. Su piel es fina y transparente, y sus pulmones y sistema nervioso continúan madurando rápidamente, preparándose para funciones más complejas.
Es común experimentar dolor lumbar, contracciones de Braxton-Hicks, acidez, calambres en las piernas, aumento del flujo vaginal e hinchazón leve. Estos síntomas suelen ser adaptaciones del cuerpo al crecimiento del útero y los cambios hormonales.
Debes consultar inmediatamente si presentas sangrado vaginal rojo vivo, pérdida de líquido, contracciones regulares y dolorosas, disminución de los movimientos del bebé, dolor de cabeza intenso, visión borrosa, hinchazón brusca o fiebre.
Entre las semanas 24 y 28, son comunes las revisiones que incluyen control de tensión arterial, peso, altura uterina, latido fetal y el cribado de glucosa para descartar diabetes gestacional. El enfoque es monitorear que todo siga su curso normal.

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Autor Naia Lerma
Naia Lerma
Nací Naia Lerma y desde hace 5 años me dedico a explorar los temas de maternidad, familia y crianza integral. Mi interés por estos temas surgió cuando me convertí en madre, lo que me llevó a investigar y aprender sobre las diversas formas de criar a nuestros hijos en un entorno saludable y amoroso. En mis escritos, trato de compartir experiencias y conocimientos que considero esenciales para ayudar a otros padres a navegar por los desafíos de la crianza. Me apasiona la idea de fomentar un enfoque integral en la crianza, donde la conexión emocional y el respeto mutuo son fundamentales. Espero que mis artículos sirvan como una guía útil y accesible para aquellos que buscan entender mejor su rol en la crianza de sus hijos y construir familias más armoniosas.

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